
Si hay algo que tengo claro que quiero tener en mi vida, es el poder estar acompañada de niñ@s.
El estar a su lado me hace contactar, de manera directa, con mi propia niña interior.
Y es que «mi yo adulta» necesita poder mirar a mi niña cada día, atenderla y permitirle expresar libremente todo su potencial.
Creatividad, presencia, amor, ternura, inocencia, entusiasmo, disfrute, generosidad, alegría, vitalidad, pureza…
Todo esto y mucho más me lo regala, a diario, mi pequeña Maruxa: «Maruxiña»
Cada vez que alguien se inicia en el proceso de desarrollo personal y autoconocimiento; les suelo invitar a que lo hagan desde el disfrute y la diversión. Que puedan abordar los aprendizajes de la vida desde un punto de vista lúdico, como un juego. Tal cual lo harían l@s niñ@s cuando se les propone un desafío.
Como cuando tienes que montar un puzzle y en cada fase del proceso vas obteniendo las piezas. Y cuando tienes varios fragmentos, eres capaz de ir dándole forma a la composición. Y eso te gusta, te parece hasta entretenido y quieres seguir encontrando más piezas. Nos conecta con la fantasía, la curiosidad, la valentía y la entrega.
Cuando un@ deja de tomarse la vida tan en serio y se permite vivir desde lo sencillo, lo flexible, lo práctico, lo dinámico y gozoso, con más presencia de amor y alegría; caminar y avanzar se vuelve mucho más ligero y placentero. Una aventura digna de ser explorada y experimentada.
Fuerte abrazo

