Y ME TORNÉ BLANDITA

Demasiado tiempo viviendo en un cuerpo rígido, con dificultades para flexibilizarse y adaptarse.

No es cuestión de estar o no en forma. Se trata más bien de carecer de una movilidad amplia, que se expanda por todo el espacio: hacia arriba y hacia abajo, hacia delante y hacia atrás, derecha e izquierda. ¿Te imaginas experimentar el movimiento en todos los planos posibles?

Cuando somos pequeños nuestros cuerpos son elásticos. Algunos dicen que «irrompibles» (y mira que arrastramos golpes y heridas). Yo añadiría que incorruptos o vírgenes (en el sentido «puro» de la palabra).

Con el paso de los años nos vamos integrando en un sistema de normas que, como objetivo, llegan para facilitar la convivencia y la ecuanimidad entre tod@s.

El problema surge cuando las reglas vienen establecidas solo desde el plano mental y racional del individuo, que por supuesto es importante, pero NO el único.

Al momento de cumplirlas, algun@s somos conscientes de que haber dejado de lado la emoción y la parte instintiva, hacen que pierdan toda la coherencia.

Aplicar la norma en todos los ámbitos de nuestra vida, hace que vayamos encajando como sea en el canon de lo que es políticamente correcto. Sin cuestionarnos nada más. Lo que viene siendo la archiconocida polaridad del BIEN o del MAL. Y claro, la libertad de movimiento viene acotada. Los músculos se contraen porque el espacio para expandirse viene tajantemente limitado.

Además, pueden pasar años y años al son de las mismas directrices. Sin tener en cuenta que somos seres evolucionados, cambiantes a cada instante.

Nuestro cuerpo se va adaptando, cada vez más y más, a espacios muy pequeños, muy estrechos. Difícilmente puede desplegarse todo nuestro SER.

Los pulmones van reduciendo su capacidad de movilizar aire, sin darnos cuenta de cómo vamos contrayendo más y más los músculos de nuestra caja torácica. Con todas las consecuencias que eso supone para el organismo.

Aprender a respirar de manera consciente debería ser asignatura obligatoria en las escuelas, desde que somos pequeños.

Hablar del ámbito instintivo hace referencia a la importancia de ser flexibles con nosotros mismos a la hora de atender las necesidades que surgen de nuestro cuerpo. Que nuestro vehículo sea una prioridad frente a «lo que debería o tendría que ser o hacer». Elegir un YO ME CUIDO frente a un yo me descuido.

Y sí, llegamos al mundo emocional. En concreto a una emoción imprescindible, motor, increíblemente reparadora y sanadora: EL AMOR.

Para hablaros de ella, os contaré mi historia de cómo «me torné blandita».

Soy una persona de carácter muy instintivo (de las entrañas) y, a la vez, extremadamente exigente y estructurada en el plano mental (de lo que es justo, de lo que debería ser, de lo que hay que hacer).

Todo esto se reflejaba en una rigidez muscular que me provocaba molestias (a veces dolor) y me impedía una buena movilidad, dentro y fuera.

Atender la parte física corporal era y es muy importante, pero sabía que esto debía ir acompañado de algo más. El mensaje que me llegaba en continuación en todos los trabajos de crecimiento y desarrollo personal era AMOR, AMOR, AMOR…

Os diré que soy, ¡bueno, ERA! muy escurridiza en esto de los momentos emocionales. Cuando veía que alguien se ponía demasiado «intensit@», trataba de desaparecer del mapa lo antes posible.

Hasta que hará cerca de un año y medio, empecé a relacionarme en el ámbito profesional con niñ@s y jóvenes. Ell@s me abrieron la puerta para contactar con la niña, adolescente y joven que fui. Me permití que la chispa, la alegría, el entusiasmo, la ternura, la imaginación, el disfrute, la frescura, la diversión, volviesen a mostrarse en mi YO adulta.

Siempre digo que contacto mucho con este sector de la población porque cuando estoy con ell@s, soy una más; poniendo a la vez mucha atención en establecer los límites de la adulta referente y del rol profesional que desempeño (docente, enfermera).

L@s alumn@s del centro donde imparto clases, l@s jóvenes y niñ@s que atiendo en sesión de autocuidado, los adolescentes con los que comparto el maravilloso proyecto del laboratorio artístico; tod@s ell@s han sido muy importantes para que mi corazón fuese retirando la coraza y se permitiese latir en toda su magnitud.

Me permito emocionarme con lo mío y, a la vez, me emociono con lo suyo.

Te das cuenta que cuando el AMOR (propio y hacia el otro) toma PRESENCIA de manera consciente en tu vida, el cuerpo se va tornando blandito. La musculatura ya no está tensa, sino relajada. Parece que algo se suelta. No hay necesidad de tanto control, sino que surge de manera natural la CONFIANZA. Y ahí uno descansa en una sensación de tranquilidad extraordinaria.

Y así como ocurre dentro, se proyecta fuera. Ya no me peleo con la rigidez de todo lo que hay que hacer, del tener que cumplir a rajatabla lo que exige la normativa, de lo que esta sociedad espera de un@ mism@, …

A veces me sorprendo de las cosas que digo en las conversaciones, o de las cosas que hago o no hago. Y soy muy consciente del cambio. Incluso me río (hacia dentro y hacia fuera) cuando me doy cuenta. Y me gusta. Y me siento bien. Tranquila. Confiada.

Muy agradecida a la vida, a las oportunidades que una decide tomar y a MIS NIÑOS Y NIÑAS, en los que englobo a tod@s l@s anteriormente mencionad@s.

¡¡ Purito AMOR !!

MAHAKARUNA (28/05/2023)

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